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miércoles, 3 de abril de 2013

IV. Por las calles de Madrid




 Es una suerte y un gran privilegio haber vivido los primeros años de mi estancia en la Villa y Corte, a caballo entre Alonso Martínez y la calle de Hortaleza. Fue entonces, cuando Madrid entró por mis ojos en todo su esplendor, todas esas fachadas centenarias de las calles de Argensola, del Barquillo, de Fernando VI -donde se encuentra el magnífico palacio de inspiración modernista, sede de la controvertida S.G.A.E.-.























  Por cierto, uno de los días que pasaba yo por la puerta de la S.G.A.E. admirando su fachada ensimismado,  dio un gran frenazo y se subió a la acera bruscamente un SEAT-131, del que se apearon súbitamente tres hombres de etnia gitana, mal encarados y con dudosas intenciones. Me quedé paralizado y pensando que de ese atraco no me libraba ni Dios. Se vinieron con rapidez hacia mí y, cuando ya pensaba que me iban a sacar los bardeos, uno de ellos me dice: "-¿Nos permite pasar, por favor?" Al fijarme en sus caras los reconocí, eran los componentes del grupo musical "los Chunguitos" que se disponían a entrar en la S.G.A.E. para realizar alguna gestión. Qué susto me dieron los cabrones.

 La calle de Génova, los Bulevares, las plazas de Santa Bárbara y de las Salesas. Basta con caminar unos minutos para llegar a la Plaza de Colón, nacimiento de la gran arteria que es el Paseo de La Castellana, continuación de los de Recoletos y del Prado. Pasear bajo su arbolado es una orgía para los sentidos: La Biblioteca Nacional, Cibeles, el Banco de España, Correos –ahora sede del Ayuntamiento-, el Ministerio del Ejército, Neptuno, los hoteles Ritz y Palace, el Museo del Prado, el Jardín Botánico, el Parque del Buen Retiro, etc, etc, etc… Cuesta asimilar tanta monumentalidad y belleza, una gran urbe que no deja de lado la naturaleza –inolvidables los largos y relajantes paseos por el Retiro, sólo o en compañía de Eduardo y Naab, el pastor alemán de la dueña de la pensión-




Plaza de las Salesas
Colón-Biblioteca Nacional
Banco de España
Palacio de Linares




Palacio de Comunicaciones


Neptuno

Museo del Prado




Al gran atractivo que suponen la arquitectura y los paisajes del barrio, hay que añadir su enorme oferta de ocio y entretenimiento durante las veinticuatro horas del día: tabernas, bares de tapeo, restaurantes, cines, pubs, locales de barrio y locales de moda. Especialmente los fines de semana -de jueves a domingo- la afluencia de gente joven era increíble y, evidentemente, para un cuasi imberbe de provincias que acaba de llegar a la capital, es algo que no pasa desapercibido. 

Todo esto, unido a la afabilidad y acogedor carácter de los madrileños, hizo que Madrid se adueñara para siempre de mi corazón.


 Como el primer año estuve matriculado en la Escuela de Arquitectura Técnica, tuve la oportunidad de moverme y conocer la Ciudad Universitaria y su ambiente. En ella están todas las Facultades de la Universidad Complutense y gran número de las Escuelas Técnicas de la Politécnica.


Escudo de la E.U.A.T.






Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica














 Para mí era un orgullo ir a la Universidad, tanto que, cuando viajaba en el metro, procuraba llevar bien visibles las portadas de los libros de texto para que la gente viera lo que estaba estudiando. 
 Cuando llegó el buen tiempo fue una delicia salir en las horas libres a tumbarte en el césped o a comerte algunos sándwiches de “Rodilla” en los bancos próximos a la Facultad de Farmacia –era donde más chicas había-.

 Por aquel entonces, se emitía en Televisión española, el programa concurso Gente Joven, no me perdí ni una de las actuaciones de Tunas que hubo en las diferentes ediciones. En aquel concurso tuvimos la suerte de ver actuar a Tunos de Madrid que hoy son verdaderas estrellas de la lírica internacional, verbigracia:



Antonio Ordóñez............ (Toni-Medicina de la Complutense)

Rafael Lledó ............... .. (Fele-Ingenieros de Montes)

Miguel López Galindo......(Miguelón-Ingenieros de Montes)



 Me atraía mucho ese mundo y me parecía que pasar por la Universidad sin estar en la Tuna dejaría incompleto mi espíritu universitario. Sin embargo, mi carácter introvertido, unido al absoluto desconocimiento a la hora de tañer cualquier instrumento, me hicieron desistir de ingresar ese año en dicha institución.
 Así pues, me conformé con asistir como público al Examen de Pardillos de la Tuna de Aparejadores, fue el primer contacto que tuve con los que, con el tiempo, llegarían a ser grandes amigos.

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