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martes, 9 de julio de 2013

Armónica de cristal



 La armónica de cristal fue inventada por el célebre Benjamin Franklin en 1762. Es el resultado de una automatización para el tañido del juego de copas musicales -arpa de cristal-, la idea le  surgió  después de ver en Cambridge (Inglaterra) un concierto de copas de vino llenas de agua tocadas por el inglés Edward Delaval (1729-1814).

 Es un instrumento idiófono, es decir, produce el sonido primariamente por la vibración del propio cuerpo, sin uso de cuerdas, membranas o columnas de aire. Consiste en una serie de platos o boles de cristal de diferentes tamaños superpuestos y alineados horizontalmente atravesados por un eje, el músico coloca sus dedos humedecidos en los bordes de las vasijas en movimiento, produciendo por el roce un sonido cuya frecuencia depende del diámetro de la vasija.
 Las primeras armónicas de cristal giraban al conectar el eje a un pedal a través de una correa, tal como una antigua máquina de coser, hoy en día se usan motores eléctricos.

 Actualmente tiene un registro de cuatro octavas.


 Resulta curioso que este instrumento haya caído en desuso hasta el punto de ser desconocido por muchos, cuando compositores como Beethoven, Mozart, Richard Strauss, Carl Philippe Emmanuel Bach y Donizzeti escribieron para él.

 Al parecer, en algunos lugares la prohibieron alegando que su intensidad vibratoria podía llevar a un estado alterado de conciencia a quien la escucha, produciéndole depresión y hasta la locura. 
 El musicólogo alemán Friedrich Rochlitz escribía en el periódico musical “Allgemeine Musikalische Zeitung” que “la armónica estimula en exceso los nervios y sumerge al músico en una acuciante depresión y, por lo tanto, en un oscuro y melancólico humor que acaba llevándolo a una lenta auto-destrucción. Si sufre de algún desorden nervioso, no debería tocarlo; si aun no se encuentra enfermo, no debería tocarlo; si se encuentra melancólico no debería tocarlo”.
 Estos posibles efectos secundarios pueden ser consecuencia de la intoxicación con el plomo  que antiguamente formaba parte de la composición de los cristales.


 La primera obra escrita por un gran compositor para la armónica de cristal,  fue la cantata L’armonica (1769) de Johann Adolf Hasse. La historia comienza con la concertación del matrimonio entre María Amelia de Austria y Fernando de Borbón, Duque de Parma, cuyas festividades habrían de celebrarse en Schönbrunn, y el consiguiente encargo hecho a Hasse de componer la música para la oda nupcial escrita por Pietro Metastasio. En esa misma época, Hasse tenía hospedadas en su hogar a dos conocidas artistas inglesas que eran además sobrinas de Benjamin Franklin: la cantante Cecilia Davies y su hermana ciega Marianne, reputada clavecinista pero conocida sobre todo como una virtuosa de la armónica de cristal. Marianne esperaba promocionar con su viaje el nuevo instrumento inventado por su tío, aún desconocido en Europa, y la oda nupcial fue su gran oportunidad como lo fue también para Hasse, que pudo hacer algo nuevo, original e impactante para un acto de tal envergadura. No se conservan documentos sobre la recepción ofrecida a L’Armonica, pero queda el testimonio de un Metastasio que en una de sus cartas escribía lo siguiente: "Simplemente debes saber que el sonido y la resonancia de esta armónica fue soberbio: sobre todo Cecilia supo como adaptar su voz al instrumento en un modo que resultaba difícil distinguir el uno del otro."

“La Danza del Hada de Azúcar” de “El Cascanueces” de Tchaikovsky, fue compuesta para este instrumento




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